Aprende a gestionar la tristeza en tu rol de cuidador o persona dependiente

La tristeza no es una emoción que guste a mucho. Surge cuando perdemos algo, perdemos a alguien o cuando simplemente no nos va como esperábamos. Pero debemos aprender a gestionarla.

Aprende a gestionar la tristeza en tu rol de cuidador o persona dependiente

La tristeza no es mala, es solo un acto reflejo de algo que nos sucede a nuestro alrededor y afecta directamente a nuestra vida: la pérdida de un familiar, de una mascota, de la salud y muchas cosas más.

La labor del cuidador precisa de mucho tiempo y puede que esto le afecte en sus relaciones sociales, ya que debe cuidar a una persona que no es precisamente un familiar.

Una persona dependiente encuentra la tristeza al ver como su vida se reduce por la propia edad o alguna enfermedad. La pérdia de la pareja también es un factor que puede transformar la tristeza en un problema mental.

Para superar estos momentos es preciso que la reconozcamos: estoy triste por tal o cual cosa. Debemos entenderlo para poder gestionarlo correctamente.

Pero, ¿cómo la gestionamos?. Pues encuentra en la misma un vehículo para transformarla en algo positivo. Debes superar la tristeza para seguir avanzando, si no podrías entrar en un cuadro depresivo del cual es mucho más difícil salir. Por ej. encuentra alguna actividad que te permita volcar esa tristeza y transformarla en algo que te ayude a olvidar y entender el mal momento por el que estás pasando.  Recuerda la frase «No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante».

La tristeza es como el cierre de un ciclo al que debemos saber decirle adios. Por ej cuando te jubilas, ya no tienes que ir al trabajo y eso puede incurrir en un estado de depresión al no tener nada que hacer. Encuentra alguna actividad que hayas dejado de lado por tu trabajo y ponte a trabajar en ello. Si tomamos el rol del cuidador puede que su vida se haya reducido de casa al trabajo y viceversa. ¿Hay algo qué tienes ganas de hacer?, encuentra la forma y el tiempo para hacerlo, es una gran salida de la rutina.

Como veis, la tristeza incluso puede ser un trampolín si sabemos como gestionarla.

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